Crónica de una reforestación

Hace ya algún tiempo tenía muchas ganas de participar en la reforestación de un parque, montaña, cerro o cualquier área verde; quería regresarle a la naturaleza un poco de lo mucho que le he quitado, pero por falta de tiempo, de interés y de información no lo había hecho.

Es así como un día me llegó por facebook de esas invitaciones masivas en donde al amigo del amigo del amigo iba a asistir a reforestar, entonces hablé con mi hermano y con un par de amigas quienes, por la flojera y por tener compromisos más importantes no pudieron ir, ya saben, la típica respuesta de “para la otra”.

Es impresionante cuando hablas para la peda todo el mundo está disponible y tiene tiempo, sin embargo, cuando se trata de una causa así, todos tienen cosas “más importantes que hacer” pero bueno, ese no es el punto, sé que por algo pasan las cosas y no es casualidad que mi hermano y yo hayamos ido solos a ese evento.

Nos levantamos temprano, he de reconocer que yo valoro mucho mis horas de sueño, pero ese día estaba muy contenta y emocionada, me levanté a hacer los sándwiches para el lunch y preparar todo, llegamos puntuales a la cita, recogimos nuestra pala y nos trepamos al camión. Los coordinadores de la reforestación se presentaron, nos explicaron quienes eran y la manera en la que estaba conformada su organización, la forma en la que la mantenían ellos mismos y lo satisfactorio que era ser parte de Manos a la Tierra. También nos explicaron el lugar a donde íbamos y los tipos de árboles a plantar.

Al llegar allá fue una experiencia mucho mejor de lo que me imaginé, hicimos una dinámica de yoga en la que le pedíamos permiso a la tierra para trabajar con ella, le explicábamos que queríamos ayudarla y nos concentrábamos para sentir sus latidos y susurros, la verdad es que me encantó, jamás me había sentido tan conectada con la naturaleza en toda mi vida.

He de confesar que terminé muerta a pesar de que hice un poco de trampa, mi hermano hacía los hoyos y yo plantaba los árboles, sólo hice como 3 hoyos con mis propias manos.

Lo increíble del asunto es que fue una experiencia maravillosa y hacía mucho que no compartía algo así con mi hermano, fue de esas cosas que hacemos que nos acercaron aún más y estoy convencida de que es algo que todos los seres humanos tenemos el deber de hacer para saldar cuentas con nuestro mundo, para poner nuestro granito de arena, para tomar acciones en lugar de quejarnos todo el tiempo, para ser ejemplo y no excepción, para gritarle al mundo que nos importa en lugar de ser indiferentes, para hacer algo más propositivo que levantarnos crudos cada fin de semana, esto no es cada fin, ni es todo el año pero estoy segura de que cuando lo hagan les va a encantar. Es tiempo de reflexionar…

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