Una increíble mezcla de culturas

Desde hace mucho tiempo he querido escribir algo así y pero no sabía por dónde empezar…

Hace poco más de dos años visité el municipio de Tinum en Yucatán, lugar donde se encuentra una de las nuevas maravillas del mundo, Chichén Itzá, en ese lugar tuve la oportunidad de convivir con una familia de descendencia maya, quienes hablan uno de los 7 dialectos mayas y que, además aprendieron el castellano como su segundo idioma. Esta familia, quienes aún viven en chozas, comen venado y duermen en hamacas, se dedican a tallar piedras para venderlas en las zonas arqueológicas de Yucatán y Quintana Roo.

Y es aquí en donde comienza la historia, en un lugar lleno de lenguas y costumbres de los descendientes de una de las culturas prehispánicas más importantes del mundo, en donde, sorprendentemente, se ve claramente la mezcla o fusión de creencias tras la conquista española.

Recuerdo muy bien que, paseando por los “jardines” de la “casa” me encontré con un chiquero con cuatro  puercos y un corral con muchas gallinas, al preguntarle a la señora sobre lo que hacía con esos animales, me sorprendió su respuesta, resulta que esos animales eran vendidos antes del 12 de diciembre con el fin de generar ganancias para el día de la Virgen de Guadalupe, la familia era muy devota de la virgen e invertían buena cantidad de dinero en el festejo de la Lupita.

Y fue ahí cuando comencé a sentir esa inquietud por la forma en la que las culturas se han unido, tal vez nosotros que estamos más ceca de la tecnología, que nacimos en alguna ciudad, que nuestro estilo de vida es diferente, etc., no lo notamos porque así nacimos y así crecimos, creyentes de una religión bien cimentada y no de pedazos de muchas, y ahora que lo pienso detenidamente, tal vez lo que más me impactó es que siempre creí que las nuevas generaciones de nuestros antepasados en verdad odiaban a los conquistadores, sin embargo, reconozco que los señores hicieron un gran trabajo cuando comenzaron a evangelizar a la Nueva España.

Este pensamiento quedó mucho tiempo en mi mente, hasta que, hace unos días, tuve el provilegio de regresar a tierras mayas, esta vez al Estado de Chiapas, en donde además de visitar algunas zonas arqueológicas como Palenque, Bonampak y Yaxchilan, llegué al pueblo de San Juan Chamula, muy conocido por muchos de nosotros por la autonomía que les da el porpio Estado, su forma de vestir, su dialecto, el frío que hace en donde viven y la forma en la que creen que si les tomas una foto les robas el alma, sin embargo, su foto y su alma tienen precio.

Y entre todas estas contradicciones pagué 20 pesos para poder entrar a la hermosa iglesia de San Juan Chamula en donde el recibimiento es un cartel que te indica que está prohíbido tomar fotos y video al interior de ella; sin embargo llama mucho la atención que la iglesia está hecha con un estilo colonial por fuera, pero por dentro no hay bancas en donde sentarse ya que que los habitantes oran de rodillas. En este lugar se forma una vibra muy especial, muy rara, mística diría yo, ya que los habitantes del lugar realizan ahí rituales resultantes de la mezcla de creencias católicas con las culturas prehispánicas.

La decoración de la iglesia es característica pues el piso está lleno de ramas de una planta llamada juncia, las personas que van a orar hacen pequeños huecos entre la juncia para poder poner sus velas, las velas que utilizan son delgadas y largas, tiran un poco de cera en el piso y las van pegando, generalmente son varias velas juntas puestas en hileras; pero hubo algo en partícular que me llamó la atención más que otras cosas, las velas no sólo eran blancas, sino que habían de muchos colores, rojas, verdes, amarillas, etc., al preguntarle a un señor que estaba ahí cuidando el lugar  la razón del color de las velas, me dijo que cada una correspondía a una causa diferente, alejar envidias, pedir salud, etc; lo cual despertó aún más mi admiración puesto que esas prácticas son más bien paganas.

Los santos que se encuentran dentro del templo están vestidos de “Chamulas” con la ropa típica de ellos, con listones de colores y cada uno de ellos tiene espejos colgados que sirven para reflejar la maldad de las personas, además hay un Cristo dentro yacente dentro de una caja de cristal, también vestido de Chamula, mientras que la cúpula está pintada con animales que son o fueron sagrados para ellos.

San Juan Chamula en Chiapas y Tinum en Yucatán son sólo dos de tantos lugares que albergan este tipo de comunidades en las que ha logrado sobrevivir un poco de lo más puro de la historia de nuestros antepasados, no se pierdan la oportunidad de conocerlos, se sorprenderán tanto como yo al ver tan cerca aquella parte de la historia de la conquista que parece tan lejano cuando lo leemos en los libros y que, sin embargo, está tan cerca de nosotros lo cual nos hace enórmemente afortunados por vivir en este país tan rico en su cultura y sus costumbres.

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